Recuerdo cuando mi vecino, allá por el 96 me grabó un cassete de 60 con el disco “Te lo dije” de Reincidentes. En aquellos tiempos yo andaba obcecado con la era post grunge, me dedicaba a quemar los discos de Nirvana y Pearl Jam y a buscar cualquier cosa de la escena Seattle que se le pareciera, llámese Mudhoney, Soundgarden, Melvins…Andaba algo cansadete con este tema cuando esta banda sevillana entró en mi enquistado panorama musical con una frescura que ya creía perdida.
Eran discos los suyos de un caracter mayoritariamente reivindicativo, característica intrínseca de la rebeldía habitual de un adolescente con inquietudes musicales. Progresivamente fueron llegando a mis manos multitud de grupos de corte parecido: Platero y tú, Rosendo, La Polla, Marea, Maniática, Zicatriz, Los Porretas…unos tenían mas sensibilidad que otros, pero todos caminaban dentro de un género que pocos, no se porqué, se atrevían a llamar punk.
Sus letras eran directas, antitodo. Su musica variaba, desde las canciones simples pero pegadizas de La Polla hasta las melodías dulces y controvertidas del maestro Rosendo.
Como habreis adivinado aún no he mencionado a Extremoduro. Ahora voy con ellos.
Qué decir de Roberto Iniesta y sus secuaces…me quedo sin palabras. Sus canciones llenaron mi adolescencia de duendes del parque y sopayasos , me enganché a ellos como nunca me pasó con ningun otro grupo. No voy a hablaros de la música de Extremoduro, todos alguna vez los hemos escuchado. Además es, a día de hoy, la única banda (de las citadas anteriormente) a la cual no pierdo de vista y a la que de vez en cuando me gusta reescuchar. Supongo que es una mezcla de nostalgía y cierta costumbre.
Hace ya años que dejé el rock estatal, me cansé como me cansaré del género musical al que actualmente estoy mas ligado. Pero no dejo de tenerle cierto cariño a una música totalmente válida, sin ningun complejo y con una vitalidad arrolladora. A veces me pregunto qué es lo que escuchan los adolescentes de hoy. Dudo mucho que les dé por mirar atrás y recuperar pequeños tesoros de nuestro rock, ese que mi generación mamó en su mas tierna juventud. A esto le sumo la sequía que sufrimos en la actualidad, nose si es que yo ya no estoy al día o es que hace años que no nos sorprende un grupo de punk-rock como los de antes.
Supongo pues, que todo género musical necesita su tiempo para regenerarse, probar y lanzarse a la calle con esa rabia que una buena banda de rock debe poseer en su ADN. Yo, por mi parte, sigo esperando que algún día surja una nueva oleada de punk por esto lares, quizás no le preste demasiada atención, pero en mi fuero interno nacerá una sonrisilla irónica cuando vea a los chavales de mi barrio con una camiseta de Los Porretas, y no con una de Tokio Hotel.