La nueva jerga

música y variedades


Júpiter y el campo

Júpiter es el hermano mayor de la Tierra. Hace poco emitieron un documental (en la2, claro) donde me enteré de algo que desconocía por completo: sin éste coloso la vida en en este planeta no sería posible. Su situación orbital ejerce un efecto escudo sobre la Tierra, me explico, su inmenso tamaño provoca que multitud de meteoros que tenían a la Tierra como destino modifiquen su trayectoria atraídos por la fuerza gravitatoria del gigante.

Es una bonita metáfora, Jupiter deja que su superficie sea bombardeada constantemente por artefactos que pensaban morir en nuestros mares o nuestras estepas, para que tú y yo podamos respirar y mirar al cielo, contemplar las estrellas y sentirnos dentro de una armonía infinita.

Vengo de un fin de semana en el campo, allí donde una rata de ciudad como yo se deja sorprender por la belleza y naturalidad del entorno y sus acompañantes. Parece que respirar su aire paraliza el tiempo y se te abren los sentidos, parece que oyes mejor, que ves más cosas, que descubres olores nuevos, parece, que despertar por la mañana y mirar al sol te hace sentir parte de algo mágico.

En el campo hay animales, hay ciclos que aún se respetan y aprendizajes que se te pasan por la vista y casi no les prestas atención. A veces me siento incapaz de sentirme integrado con la naturaleza, me llevo mi contaminación ciudadana al monte y eso hace que tropiece con barreras que yo mismo me pongo. Es cuestión de tiempo adaptarse a la vida rural, yo me veo allí en el futuro, sin maldecir cuando se acercan las abejas o cuando piso una mierda de vaca. Eso forma parte de la vida del campo y pensándolo bien es mejor que un atasco en la gran ciudad o que te toque un botellón en la puerta de tu casa.

Con el tiempo vas encontrando nuevas prioridades, vas buscando alternativas a tu vida y vas intuyendo lo que te hará feliz. Mientras tanto, intento aprender de la naturaleza y su funcionamiento, sus normas y su forma de comunicarse con nosotros.

Cuando estés lejos de la ciudad y la noche esté estrellada mira al cielo. Júpiter sigue ahí arriba, mirando lo que hacemos y preguntándose: ¿qué coño están haciendo los terrícolas con el planeta azul?


Prometo estarte agradecido

Creo en una música verdadera y capaz de mover sentimientos y de decubrir valores y actitudes positivas. También pienso que son múltiples las capacidades sensitivas y motivacionales que la música es capaz de despertar en el ser humano, empezando por los bebés, pasando por enfermos de diversa índole y terminando por los ancianos.

Es impensable que en un lugar de una tradición folclórica riquísima no se tenga en cuenta  la importancia vital de la música como herramienta de autodescubrimiento y cultura, capaz de poner de manifiesto una sensibilidad que todos tenemos y que sólo necesita ser despertada adecuadamente.

Habrá gente que piense que a los niños ya no les interesa conocer las canciones que su abuela le cantaba de pequeño, yo, no lo creo así. Sólo hay que llamar la atención de los chavales y sacarles de su ensimismamiento tecnológico, muy eficaz, pero falto del espíritu de nuestras nanas o canciones populares.

Aún creo en la escuela, y aún creo que la música merece mas de una hora a la semana. Pero también creo que hay que darle un giro a la misma, hay que enfocarse en los alumnos y en sus inquietudes, en su imaginación y en su capacidad creativa, que es mucha. A mi no me gusta que las clases de música se limiten a tocar el himno de Andalucía con la flauta y a aprenderse tres canciones por trimestre. Y mejor no hablo de los que plantean una educación musical teórica en las aulas, creo que para eso están los conservatorios.

Sé que hay mucha gente capaz de tratar la música de una manera diferente, que aman su profesión y que ya están empezando ésta “revolución”, tanto en las aulas como en cualquier sitio donde se valore el trato con la música. Son gente que transmite, y eso es lo que hace falta, que los niños noten lo que la música puede hacer por cada uno de ellos, que es mucho.

Sé que no es fácil revertir la situación pero también sé que todos podemos poner nuestro granito de arena para que un don tan preciado como la música no se esconda detrás de estúpidos programas de televisión, radiofórmulas con poder atontolinante o maestros que piensan que entonar do sostenido de manera correcta merece un sobresaliente.

Seguramente el momento actual de la música popular en este país no es mas que el reflejo de una sociedad vaga en valores y con unos únicos intereses de mercantilismo.

Todos los amantes de la música deberían colaborar de alguna manera para reconducir el asunto, se puede hacer de muchas maneras: iniciando a tu hermano pequeño, atreviéndote con un instrumento, abriendo un myspace, cantádole una nana a tu sobrinita o escribiendo un blog donde opinas y aprendes sobre ella.

Hay que ser agradecidos con la música y esforzarse por conservarla en el mejor estado posible. Algo que te proporciona tánto no merece otra cosa.


Notisia embrutesía

Macabo denterá que los Ofunkillo vuelven a juntarse de nuevo, parese sé que han limao sus problemillas intenno y que van a empesá a tocá otra vé por nuestra geografía. Yo malegro bastante, y no es que sea un loco de esta gente pero tengo fresquito en la memoria uno de los consiertos mas bestiales y divertidos que haya visto nunca.

Era por el año 2002 en pleno boom funkático cuando Andreas Lutz, Pepe Bao y compañía tocaban en la ya inesistente sala Dío presentando su primé y mejón trabajo. Yo llegué a la sita sin mushas gana, había escushao er disco alguna que otra vé pero tampoco me llamaba demasiao la atensión. Casi que iba de acompañante de una fan del buen rollito. Lo que sí persibí de inmediato fue ese estao de euforia que llena la atmósfera en las afueras de la sala cuando hay multitú de peña presintiendo un espectáculo muy disfrutable.

Entramos en la Dío que se fue petando poco a poco, la funkática y yo conseguimos pillá un peaso sitio montaos en un pollete desde er cuá teníamo una vista envidiable. A esto que aparese un nota con una peaso de peluca afro y otros jipi con unas pintas tela de rara. Empiesan dando una caña brutal con un público saliéndose de la pelleja y con una instrumentasión y un bajo realmente potentes. Visto lo visto, me dejo llevá por la energía de las cansione y me pongo a botá como un loco canción tras canción. Andreas, el cantante, se encarga de que ni un sólo nota de la sala se esté quieto, tor mundo está pegando codaso y bailando sin pará.

El consierto sigue sin perdé intensidá, Andreas se sube a una viga del tesho y se tira al público que lo recoge y lo lleva de nuevo al escenario, Pepe Bao se pone a tocá el bajo con el sapato…eran una tras otra. Salimos de allí impactao de verdá, empapao en sudó y habiendo disfrutao del consierto sin un segundo pa tomá aire. Un regusto de buen rollo en el paladá que hoy he vuelto a notá.

Y es que Ofunkillo toca en la Sala Q (Sevilla) el 19 de Diciembre. Yo no faltaré, y si hay por ahí algun indesiso que tenga la oporunidá de ir le recomiendo que no se lo piense. Ademá, es la escusa perfecta pa perdé un par de kilitos sin necesidá de dieta .

Esso cuenno ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡


Un Psicópata adorable

Dexter es un asesino, mata gente, la descuartiza con herramientas de carnicero y echa sus restos al mar. Tiene pocos escrúpulos. Mira a su presa a los ojos, mantiene una pequeña conversación con ellos y a continuación les clava un machete de treinta centímetros en el pecho.

Pero hay un importante matiz, sólo asesina a criminales que han sido liberados de forma inexplicable por la ley. Los localiza, los persigue y se avalanza sobre ellos con una inyección paralizante en medio de la noche. Coloca a sus víctimas en un escenario elegido a conciencia, les enseña las fotos de las personas a las que han herido y les da la absolución con una frialdad propia de un descerebrado.

Este es Dexter, protagonista de la serie con el mismo nombre y que me tiene enganchado a la pantalla de la tele una o dos veces por semana.

Pero no todo es como parece, nuestro protagonista tiene motivos para hacer lo que hace (no los voy a revelar aquí), tiene un trabajo como forense en la policía de Miami y es cabeza de una familia algo peculiar. Esa es la máscara de Dexter, se oculta tras una “normalidad” cotidiana que da a la serie ciertos toques de humor y complicidad para con nuestro asesino. Poco a poco, a lo largo de los capítulos vas cogiéndole cariño al personaje y vas comprendiendo su forma de actuar, su particular ética y su capacidad para permanecer en el anonimato, cada vez mas complicado debido a sus múltiples asesinatos.

Cada cadáver va complicando la existencia de un Dexter meticuloso hasta límites insospechados. Se ve envuelto en multitud de conflictos que soluciona con una inteligencia anticipadora y lo que es mejor, todo su entorno ve en él a un angelito algo introvertido pero muy leal.

A mí me tiene encandilado, he llegado al punto en que me encanta que asesine y ponga los puntos sobre las íes. Un día normal en su vida podría ser así: se levanta y lleva a los niños al cole, va a trabajar eficazmente, estudia a su víctima, la descuartiza y se va a casa a disfrutar de la familia. Él es así.

Yo voy ya por la cuarta temporada, que a mi juicio está siendo espectacular. Las otras tres están perfectamente disponibles en la red, ya sabemos que en la tele las buenas series no tiene espacio, las ponen de madrugada o las cortan con innumerables anuncios.

Os animo a descubrir, si no lo habeís echo ya, a este psicópata adorable que me tiene ganado desde hace ya basantes capítulos.


El momento perfecto

Cuando se habla de la grandeza universal de una banda deben darse ciertos factores. En primer lugar, la música debe resaltar, además, han de suponer una revolución en los años posteriores, y en tercer lugar, han de aparecer en el momento perfecto.

Yo creo que lo tercero es lo más complicado, principalmente porque no se tiene ningun tipo de dominio sobre ello. Sucedió con Led Zepellin, andaba el personal algo apalancado: Beatles, Dylan, Doors,  Rolling Stones, Kinks… diferentes pero en un círculo parecido. De repente aparecen cuatro monstruos y reinventan el rock, lo marcan de forma tan profunda que sus efectos están hoy día a la vista de cualquiera que tenga un par de oídos.

Por estas tierras de Dios pasó algo parecido con Héroes del Silencio. En España veníamos de la movida ochentera, donde una gran mayoría de grupos  estaba ligado a un punk tonto,  lleno de laca y purpurina. Con este plan, los de Zaragoza llegaron en el momento idóneo para abrirnos las orejas a todos y para, de camino, darle un vuelco descomunal a la escena musical del estado. Es cierto que en los 80 había grupos de rock, y buenos (Leño o los Burning) pero no se acercaron ni de lejos a la inyección de moral que supusieron los Héroes para miles de personas, y no hablo sólo de España.

Ayer ya señalé a los Pixies y a toda la movida Seattle que vino detrás como otra oleada de novedad allá por los primeros noventa, que marcó toda la década y que nos dejó bandas inolvidables en el recuerdo.

Y llegamos a la primera década del siglo XXI, me he esforzado en relacionar estos  casi diez años con un estilo determinado, con un sonido que replique a su predecesor, con una actitud diferente y renovada. Evidentemente no lo he encontrado. Esto no quiere decir que el rock del siglo actual no nos haya regalado agrupaciones increíbles, las hay, y en un gran número, pero no se ha producido un boom musical que lo transforme todo de nuevo.  Normalmente esta explosión viene  acompañada de  una banda con un carisma especial, con una música de impacto, y principalmente con la delicadeza de  aparecer en el momento perfecto.

Puede que ese momento haya llegado o puede que no, lo que está claro es que cuando surja,  y los nuevos “profetas” hagan acto de presencia, nos vamos a enterar.


Futbol es futbol II

Anoche el fútbol demostró que aún existe.

En forma de humildad.

Gracias Alcorcón, hacía falta una cosa como ésta.


Pixies gone to heaven

Los Pixies van a sacar disco, es más, ya están en el estudio. Yo no sé qué hacer, a veces me ilusiono, otras me da igual y de vez en cuando maldigo a los cuatro cuarentones que tienen el honor de haber escrito la banda sonora de millones de personas.

La verdad es que no apetece que la jodan ahora, ya hemos tenido que soportar demasiadas reediciones de discos ya reeditados etc…Resulta que se cumplen 20 años de “Doolittle”, uno de sus largos mas celebrados. Para conmemorarlo han sacado un Ep con cuatro canciones, van a dar unos cuantos conciertos y lo dicho, van a grabar nuevo material. Pase lo que pase con este nuevo trabajo yo me quedaré con Los Pixies de toda la vida: los dulces, los ruidosos, los gritones, los sensibles, los raritos, los frikis…

Lo que me llama más la atención de estos tipos es que en su época no había ni un grupo que se les pareciera, eso vino años después. Salieron de la nada, haciendo una música totalmente diferente a lo que había a finales de los 80, donde el Heavy y los punteos inmaculados estaban en lo mas alto.

De repente aparece un gordito con camisa de cuadros con unas guitarras “sucias” , usando melodías que inspiraron a todo el movimiento underground de los 90. Parece increíble que haya gente que no conoce a Los Pixies, sin ellos la historia del rock no sería lo que es hoy, de eso no cabe duda, y da la sensación de que el mérito se lo han llevado otras bandas más mediáticas que siempre los pusieron a ellos como influencia vital ( Nirvana o REM).

Para mí Los Pixies ya están en el cielo, en el olimpo de los grupos míticos, me da igual que hagan un disco malísimo, yo a esta gente se lo perdono todo, incluso le perdono a Kim Deal que haya ganado unos veinte kilos desde su época dorada, cuando era la bajista mas atractiva del momento.

Los años, después de todo, no pasan en valde, y creo que a Los Pixies el tiempo les ha reconocido parte de su valor, no todo. Quizás es por esta razón que su producción musical se haya alargado tanto incluso después de su separación. Al final, lo que queda son las canciones, y ellos tienen un buen puñado de ellas que son insuperables, al menos para mí.

Un precioso ejemplo:


Productos británicos

Nuestros queridos britanitos están por todas partes, sólo hay que bucear por internet o atreverte con echar un vistazo a algunas cadenas musicales para darte cuenta de ello. Por norma general son cuatro o cinco pánfilos canijos con pantalón de pitillo y peinado extravagante, los hay a patadas, cada vez más.

Es cierto que tienen muy buenos grupos y que tenemos mucho que aprender de la cultura de bandas que disfrutan por la islas, pero de ahí a tragarme que cuatro imberbes con acné han reinventado el rock, el pop o lo que sea no paso.

Ya ha sucedido varias veces, recuerdo la que se lió con el primer disco de Arctic Monkeys: que si son los Beatles del siglo XXI, que si records históricos de ventas, que si empezaba una nueva era para el rock, blablabla. Los chicos son bastante buenos, pero con tranquilidad chavales, que habeis empezado a afeitaros hace cuatro días.

En el último mes ha salido otra banda de Inglaterra que nos va a cambiar la vida, se llaman The XX.

Hace no mucho tiempo empiezo a leer críticas de discos y esta gente aparece por todos lados como los mesías de no se sabe qué. Un disco de debut imposible de igualar, un estilo jamás visto con anterioridad, un talento fuera de lo común, una frescura inigualable…Me puse hasta nervioso -joder qué coño ha pasado que no me he enterado yo de esto-, me pillo el disco y me lo escucho. A mí aún no me llena demasiado, y después del bombo que le han dado menos todavía. Os dejo el corte que más me gusta.

Resulta que los XX son cuatro adolescentes de Londres que se las ingeniaron para sacar un disco y que se les ha venido encima un jaleo que ni ellos mismos se creen. Resultado: su guitarrista Baria Quereshi ha sufrido una crisis de ansiedad y ha dejado el grupo temporalmente, y si es verdad que tienen contratadas 22 fechas en Europa y Estados Unidos con sólo dos días de descanso no creo que vuelva.

Parece que en cuanto los medios ingleses nos sueltan burradas del tipo Arctic Monkeys o XX somos los primeros en asentir con la cabecita, ya sean críticos musicales, portales de internet o revistas. Quizás nuestros medios deberían apoyar con mas fuerza a multitud de grupos nacionales de calidad que necesitan un pequeño empujón, y no arrodillarse a las primeras de cambio ante la corriente anglosajona.

Coño.


¿Dónde están los bares?

No, no penseis en esos locales de a seis euro la copa y sin música, o bueno, con música pero de aquella manera, porque yo ya estoy harto de ir a estos sitios que no me aportan nada. Realmente sí que aportan, ofrecen garrafa a granel y una resaca bonita la mañana seguiente.

Creo que no es tan complicado, incluso a veces pienso que existen pero que yo no los conozco. Me refiero a un bar donde beber no signifique ir con cincuenta pavos en la cartera, donde pongan buena música (da igual el género pero buena), donde no necesites un megáfono para decirle a tu colega que vas a la barra a pedir, donde no haya matones en la puerta escaneándote a lo Robocop, donde pongan bebidas de calidad real, donde no tengan que cerrar a la una de la madrugada, donde puedas pegarte un pequeño dancing sin pisarle los zapatos impolutos al bisbalito de turno, donde no haga falta esperar un cuarto de hora para pedir una cerveza o donde puedas entrar con chanclas y con una camiseta rota.

Y no, no estoy pidiendo demasiado. Me consta que en los años 80 y primeros 90 había multitud de sitios como los que os digo. Lo que pasa hoy día es que lo fácil es montar un local de pachangueo para la prole borreguil, donde nuestros amigos los pijos, los modernitos, los flamenquitos y hasta incluso los canis bailan al son de la bazofia que sale por los altavoces. Los demás, los que no estamos dentro de ese círculo solemos ir a La Alameda.

 Pero pasa una cosa, los bares cierran a la una, el botellón es inviable y nos han puesto allí una preciosa comisaría, por lo que si te das una vuelta por allí a eso de las doce de la noche parece que estés en cualquier película de Star Wars, sólo ves lucecitas azules por todos lados y a los maderos vigilando con los cascos puestos y la porra bien a mano, vaya a ser que alguien se cuele.

Este es el panorama que vivimos los “raritos” como yo en la ciudad del rebujito y el incienso, sin un sitio decente a donde ir.

P.D. Si sabeis de un sitio que se le parezca en algo a lo expuesto arriba os agradecería que lo compartierais conmigo y en su defecto, con los lectores de La nueva jerga.

P. P. D. El Funclub no cuenta.


Y llegó el otoño

Queridos sureños, parece que esta vez sí, ya tocaba recordar qué se sentía al salir a la calle después de almorzar y no empezar a sudar.

Dicen que el otoño es una estación melancólica y bella a la vez, mueren las hojas dejando un manto amarillento en las aceras pavimentadas de la gran ciudad, y la verdad es que no le sienta nada mal. A mí me gustan estos meses, especialmente después de dejar atrás un verano que ha abarcado casi medio año.

Visualiza. Llegas tarde del trabajo, ya es de noche, en la calle hace frío y tú te acurrucas en el sofá. Enciendes el brasero, agarras un libro, pones a quemar un incienso o cualquier aroma y enciendes una ténue luz que acompañe a la lectura. A continuación vas a poner algo de música de fondo, una que te deje mantener la concentración en las páginas y que además te reconforte por su delicadeza. Es ahí donde entra la nueva jerga.

Voy a tomarme la licencia, con vuestro permiso, de proponeros unos cuantos discos para estas ocasiones, por si hay alguno que disfrute del casero espíritu otoñal:

Jose González: Guitarra y voz, pero qué guitarra y qué voz. Suavidad y dulzura por los cuatro costados, a mí su música me aporta mucha tranquilidad. Canta en inglés y tiene dos discos en el mercado “Veneer” y “In our nature” ambos de una ejecución excelsa.

Dark Captain Light Captain. Estos son una banda con todos sus instrumentos pero que poseen una delicadeza especial. Son canciones intimistas pero no lentas. Las voces se arrastran y se doblan acoplándose a la música de forma casi perfecta. Su primer y único disco “Miracle kicker” ha sido una grata sorpresa para mí.

Norah Jones. Esta es la más conocida y accesible, cualquiera de sus discos son de fácil escucha, y su voz cálida se amolda por completo a nuestra atmósfera otoñal.

Once. Película altamente recomendable, especialmente para aficionados a la música y banda sonora de altísima calidad (Oscar mejor canción 2008). Los dos protagonistas (músicos en la vida real) se marcan unas canciones preciosas con guitarra acústica y piano.

Hoy empieza el otoño en el sur, es tiempo de reflexión y tranquilidad, los días se hacen cortos y toca convivir con la oscuridad. Por mí perfecto, porque ya tengo plan para esta noche.


© 2009 La nueva jerga "Night City" theme from Atillus design studio
Crear blog gratis como este.